Madonna lanzó «Like a Prayer» en 1989 como el sencillo principal de su álbum del mismo nombre. La canción marcó un punto de inflexión en su carrera porque mostró una faceta más personal y artística, alejándose del pop más ligero que la había hecho famosa en los años anteriores.

Musicalmente, combina pop, rock y góspel. Uno de sus elementos más distintivos es el coro góspel dirigido por Andraé Crouch, que aporta un sonido solemne y espiritual. La mezcla de guitarras, órgano y voces corales crea una atmósfera que recuerda a una ceremonia religiosa.

La letra juega deliberadamente con un doble significado. Por un lado, utiliza imágenes y lenguaje propios de la religión cristiana, inspirados en la educación católica de Madonna. Por otro, esas mismas palabras pueden interpretarse como una metáfora del deseo, el amor y la pasión humana. Esa ambigüedad fue una de las razones por las que la canción llamó tanto la atención.

El videoclip fue aún más polémico. En él aparecen cruces ardiendo, estatuas religiosas que cobran vida y una historia sobre un hombre negro acusado injustamente de un crimen. El video abordaba temas como el racismo, la fe y la redención, pero muchas organizaciones religiosas consideraron ofensivo el uso de símbolos cristianos. La controversia llegó al punto de que una campaña publicitaria de Madonna con una conocida marca de refrescos fue cancelada, aunque la canción siguió siendo un enorme éxito comercial.